Javier Payo Bejar

Nunca queremos creer en la realidad que se nos presenta y menos aún, ponernos en los incómodos zapatos del otro, máxime cuando se encuentra en una situación antagónico a lo que comúnmente se considera normal o correcto.

Una vida en resumidas cuentas se puede definir en tres grandes acciones que debes cumplir, naces, reproduces y mueres. Pero una persona con algún tipo de discapacidad física, orgánica, sensorial o psíquica debe añadir otra acción adicional, superarte.

Si, digo SUPERARTE no para enfatizar la situación en una nota pesimista, lo escribo porque quiero reflejar todo lo contrario.
Una persona con cualquier tipo de discapacidad parte del inicio que debe demostrar absolutamente todo, que es capaz de mantener una vida normal, un punto de vista normal, un sentimiento hacia el resto normal, etc…

Debe superar las barreras que los juicios del resto de personas tienen sobre su situación de vida e incluso, por desgracia superar no solo las barreras sociales o arquitectónicas sino las más difíciles de solventar, la compasión tanto las del resto del mundo como la de uno mismo.

No escribo estas líneas como decía anteriormente para marcar un sesgo sucio, triste, oscuro del día a día de un discapacitado.

Deseo en la nueva etapa política que comienza en breve, se contemple con amplitud de miras a la condición de personas con discapacidad en todos los campos de trabajo que en la próxima legislatura.

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